en desarrollo

El caso de FaceApp abrió los ojos a millones de usuarios sobre la privacidad en el entorno del mundo de las aplicaciones móviles, pero a día de hoy seguimos descubriendo como infinidad de apps tratan de hacerse con nuestros datos sin la necesidad de que hayamos otorgado nuestro consentimiento.

Y es cada vez que instalamos una aplicación debe quedar constancia de a qué parte de nuestro teléfono va a acceder y solicitarnos permiso de manera explícita. Algo que en muchas ocasiones aceptamos sin ni siquiera plantearnos la repercusión que puede tener, incluso aunque nos digan que necesitan tener accesos que no concuerdan con el servicio que nos van a ofrecer. Por ejemplo, acceder al micrófono en una app de retoque fotográfico.

Pero como comentamos al inicio, este no es el único problema. Y es que no son pocas las aplicaciones que terminan accediendo a nuestros datos a pesar de que se los hemos denegado.  Micrófono, cámara, localización o carrete son algunos de los puntos a los que tratan de acceder para empezar a recopilar información.

Estas prácticas no son nuevas. Ya existían sospechas de algunas aplicaciones, pero el caso de FaceApp ha puesto el tema encima de la mesa y ha promovido que expertos en ciberseguridad realicen estudios al respecto, demostrando como miles de apps caen en estas prácticas.

En este punto habrá que establecer quién forma parte del proceso y la responsabilidad que tiene en torno al tráfico de la información. Y es que la culpa no es solo de los desarrollares. Ellos son los principales culpables, ya que promueven estas trampas, pero las stores (como las de Android o Apple), también tienen responsabilidad al ofrecerlas sin una vigilancia previa. Con la entrada del nuevo Reglamento General de protección de datos (RGPD), deberían evitarse todos estos problemas, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

Lo que está claro es que, con o sin consentimiento, deberíamos ser más celosos de nuestros datos. No deberíamos cederlos con tanta ligereza, ya que no sabemos el fin de quién recauda esa información. No es lo mismo que una aplicación como FaceApp venda nuestras imágenes a una empresa que quiere mejorar el reconocimiento facial para trabajar en el desbloqueo de un terminal, a que se las venda a un grupo de personas que trabaje con el objeto de poder acceder a bienes a través de tu aspecto físico. Pero no es la única manera. También a través de los metadatos de nuestras imágenes pueden conocer, entre otras cuestiones, nuestra posición o la hora del día en que se han realizado. Datos que deberíamos proteger para evitar problemas en el futuro.

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