Debido al auge de la industria electrónica y tecnológica, el modo de entretenimiento de la sociedad actual es diferente al que había hace 20 años. Ya no se juega a juegos de mesa, y el juego de la oca ha caído completamente en el olvido. En su lugar, los videojuegos han ocupado una plaza en los hogares españoles de la cual será complicado sacarlos. Smartphones, consolas, ordenadores, tablets… todas las plataformas tecnológicas son susceptibles de contener entretenimiento de esta índole, añadiendo el hecho de que los hay tanto para los peques de la casa como para los ancianos, pasando por los adultos que precisan de unos instantes de ocio en su vida diaria. Esto no es malo, simplemente la sociedad avanza y hoy en día lo que se ofrece es esto.

Es por este motivo que la industria del videojuego ha sufrido un gran auge en los últimos años, y está tan poco explotada al ser tan reciente que se han comenzado a poner en marcha cursos de enseñanza para realizar estos complejos sistemas interactivos. El problema con el que cuenta esta industria emergente es que no se cuenta con los profesionales necesarios en el sector, ya que al ser tan nueva no hay formación específica, sino que quien trabaja en ello ha de estar formado por diferentes fuentes para poder ejercer en ello. Por eso las escuelas de videojuegos tienen un grado de empleabilidad alto al terminar los ciclos establecidos, porque ofrecen un cómputo de todas las habilidades necesarias para dedicarse al ejercicio de tan demandada profesión.

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El videojuego puede verse como algo recreativo, pero también puede ser considerado como un nuevo método para aprender, ¿o acaso no se dice que “la mejor manera de aprender es jugando”?

Por todo ello, esta industria ha superado ya en ingresos a la de la música y la del cine, por el gran amoldamiento que puede tener para todo tipo de situaciones, edades y público.