en educación, videojuegos

Desde hace años Hollywood vive inmersa en una crisis de originalidad en cuanto a nuevos contenidos se refiere. Es por ello que ha recurrido (cada vez con más frecuencia) a alargar incansablemente sagas agotadas y a adaptar obras originales de otros campos como lo son los comics o los videojuegos.

Precisamente con el mundo de los videojuegos estas adaptaciones no han contado con mucha fortuna, tanto a niveles creativos como a resultados de taquilla.

Esta mala relación podriamos decir que empezó, por nombrar a la más conocida, con el salto a la gran pantalla de Mario Bros en 1993, que fue un absoluto fracaso de crítica y público y a la que siguió, un año después, la adaptación del mítico videojuego Street Fighter con similares resultados (aunque con algo más de exito en taquilla) y también Doble Dragón, que si fue un fracaso absoluto. Justo un año después llegaría el turno de otro gran clásico como lo es Mortal Kombat aunque con mejores resultados.

Como vemos, los noventa no fueron una gran década para los videojuegos, pero es que en las dos decadas siguientes la situación no mejoró mucho.

En 2001 nos llegaron las adaptaciones de dos potentes videojuegos, ambas con resultados de crítica no muy entusiastas, por un lado la adaptación en animación de Final Fantasy y por otro Tom Raider (esta última con mejor suerte en taquilla y que llegó a tener una secuela en 2003 y un reboot mejor valorado en 2018).

En 2002 llegaría la primera adptación de la saga Resident Evil, esta primera entrega contaría con una buena recepción por parte del público lo que haría que la saga contara con 5 secuelas más, aunque muy alejada de la historia principal del videojuego.

Durante esta primera década tampoco tendrían mucha suerte las adaptaciones de Doom, Max Payne, Hitman, DOA: Dead or Alive y para escribir un capítulo especial dentro de esta mala relación de los videojuegos y el cine tendríamos que hablar de todas las adaptaciones realizadas por Uwe Boll.

Sin duda la peor de sus adaptaciones fue la primera, House of the dead, a la que siguió BloodRayne (con dos secuelas) Alone in the dark, Postal, En el nombre del rey (con otras dos secuelas) y Far Cry.

Pero es en esta primera década de los 2000 cuando nos encontramos con la excepción a todas estas «fracasadas» adaptaciones, y es que Silent Hill, sin ser perfecta, trasladó con éxito a imagen real el juego de Konami, posteriormente y para seguir la «maldita» tradición se estrenó una secuela que pecaba en todo lo malo que el resto de adaptaciones de las que ya hemos hablado.

En 2010 llegó el turno de Tekken y Prince of Persia y pasado un tiempo llegaron Need for Speed, Hitman (reboot) Warcraft, Assassin’s Creed (siendo una película entretenida pero una mala adaptación), Angry Birds, Rampage, Tomb Raider (Reboot) y con algo más de éxito Pokémon: Detective Picachu.

En conclusión y repasando el listado de adaptaciones (que no están todas las que son) los seguidores del mundo de los videojuegos aún esperan que Hollywood se tome más en serio el proceso de trasladar las grandes historias a las que jugamos a grandes películas que ver.

Juan Jose Paton

Profesor de Realización y Postproducción audiovisual.

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