Desde que comenzaron a impartirse, algunos sectores de la sociedad han tendido a desprestigiar las enseñanzas de Formación Profesional (FP), sugiriendo que quien sigue esta trayectoria es aquel que no es capaz de estudiar una carrera, pero esto nada tiene que ver con la realidad: en los dos últimos años, el crecimiento de demanda de las FP ha crecido un 154%, y la demanda de los profesionales de este sector por parte de las empresas supera con creces el número de titulados.

Esto se debe a que las empresas precisan de personal técnico, y muchas de ellas tienen problemas para encontrarlo debido a la gran cantidad de universitarios que terminan sus estudios pero que carecen de las nociones básicas prácticas.

Las personas que terminan una FP son personal cualificado para realizar tareas en un entorno práctico, puesto que además de que el enfoque de estas enseñanzas está hecho para ello, las empresas cada vez se ofrecen más a aceptar a alumnos en prácticas durante períodos más largos para completar su formación y, a su vez, aprovechar que ese personal ya es conocido y poder cubrir los puestos vacantes con estas personas, introduciéndolas al mundo laboral en el momento de finalizar sus estudios.

Por otra parte, así se les facilita la contratación a las PYMES, aunque eso no quiere decir que grandes empresas no estén interesadas también en estos profesionales.

No obstante, a su vez la Formación Profesional puede servir de trampolín hacia una carrera universitaria, en el caso de que se quieran profundizar los conocimientos teóricos del campo elegido.

Recomendamos el siguiente artículo de @elmundoes, que profundiza en las amplias posibilidades de empleabilidad que tiene la Formación Profesional, en especial los títulos de Técnico Superior:

Faltan currantes y sobran másteres: por qué la FP te garantiza un puesto de trabajo